Que haremos hoy, Pinky?

Entretenimiento real en tierras britanicas (anteriormente en tierras germanas), sazonadas al estilo mexicano y con un toque de internacionalidad.

Tuesday, April 20, 2004

Praga

Para quien ha estado lejos de cualquier elevación superior a los 200 metros sobre el nivel del terreno adyacente, redescubrir las montañas es algo maravilloso. La carretera que corre de Dresden a Praga es una carretera sencilla (hasta bien entrados en la Rep. Checa) y pasa a través del Erzgebirge, una cadena de montañas que divide Alemania y la rep. Checa.

Apenas cruzamos la frontera decidimos cambiar efectivo en la casa de cambio que viéramos (aunque se acaban de integrar a la Comunidad Europea, los checos aún no adoptan el Euro). No habíamos avanzado más de 10 kms cuando vimos varios puestos a la orilla de la carretera, donde se vendían "artesanías", y entre ellos había un local que decía "money exchange". Decidimos detenernos a cambiar al menos unos cuantos Euros y cuál es la sorpresa que, en lugar de toparnos con un checo, eran 2 vietnamitas los que ahí vivían y cambiaban divisas (obviamente a precios de usura). Lo más divertido es que cuando uno supo que veníamos de México, inmediatamente hablaron en "futbol" e hicieron alusión a Cuauhtémoc Blanco. Que lástima que por satrapitas como él nos conozcan a los mexicanos en el extranjero!

Al llegar al primer poblado algo salta a la vista inmediatamente: la cantidad de "vitrinas" al más puro estilo de Amsterdam: luz roja, mujeres con poca ropa en la ventana... Realmente era de llamar la atención, sobretodo porque estábamos cruzando una población que difícilmente llega a los 10 mil habitantes y aún así tenía 10 o 12 vitrinas tan solo a lo largo de la carretera. Hacia la segunda mitad del poblado vimos el resto de espectáculo: aquí estaban las prostitutas a la orilla del camino esperando tranquilamente a su cliente. Pensamos que esto se debía a la pobreza de esta zona en la Rep. Checa y apenas esta semana que platiqué con Andrea Machanova, una amiga de este país, supe que principalmente las prostitutas son traídas por mafias de países como Ucrania, Bulgaria, el cáucaso. Desafortunadamente, me cuenta, no es muy difícil corromper autoridades en esas poblaciones pequeñas que, con la caída del comunismo, empezaron a perder pobladores debido a la emigración a ciudades con más y mejores empleos.

Desde el cruce de la frontera se notó el cambio en las calles y en el estilo de manejo. Esos checos sí son suicidas! En un tramo de apenas 80 kms pudimos ver 2 veces que alguien se lanzaba a rebasar en curva y de subida, y otras 2 veces como el que rebasaba hacía que quien venía en sentido contrario tuviera que orillarse para no causar un accidente. Definitivamente son unos suicidas al volante!

Otro de los puntos llamativos fueron los pordioseros. No deja de ser una tragedia humana que alguien que no tiene lo suficiente para subsistir tenga que salir a la calle a pedir anónimamente para su sustento. Sin embargo uno está, en cierta forma, "acostumbrado" a ver a la gente pedir afuera de las iglesias o en sitios donde pasa mucha gente. En Praga la escena es un tanto desgarradora: aquí los pordioseros se postran de rodillas, ponen sus codos en el suelo y con la cara a unos centímetros del suelo, la mirada clavada en él, sostienen un vaso donde piden la limosna. Ver a la gente pedir de esta manera fue una escena muy fuerte para mí.

Pasando a cosas más bellas de Praga. Hay tanto que decir de esta ciudad.... Si hubiera una definición corta para describir Praga yo diría que es una ciudad museo donde, sin importar a donde voltees, es tendrás una obra de arte a la vista. Desde una obra tan conocida como el reloj cosmológico de Tycho Brahe o cada una de las iglesias barrocas del centro de Praga. Además, la vida cultural de la ciudad es amplísima! Desde obras de teatro, pasando por conciertos o exposiciones. Incluso en el centro de la ciudad es muy común ver gente pidiendo dinero, pero tocando algún instrumento (y nada que alguien con una guitarra mal afinada tocando corridos revolucionarios, acá vimos, por ejemplo, una pareja tocando las 4 estaciones de Vivaldi y hasta vendiendo sus propios CDs!). Nosotros decidimos "castigarnos" e ir a un concierto con la Sinfónica de Praga en la sala de conciertos Smetana del Palacio de la República. Sobra decir que valió la pena.

La comida es cosa aparte. Pils es la capital de un tipo de cerveza (Pilsener, Pilsen, Pils, como quieran llamarla) y se encuentra en la Rep. Checa, a unos kms. de Praga. Obviamente, aquí hay MUY buena cerveza. Además, los precios de la comida son muy atractivos, comparados con otras capitales europeas. Con decirles que en el que, a mi juicio, fue el mejor restaurante del viaje, pagamos por persona apenas 14 euros, contando 2 cervezas, sopa, plato fuerte y postre. ¿El lugar? Restaurante Mucha, apenas a unos pasos del reloj de Brahe.

La ciudadela es el símbolo de la ciudad. Está sobre una colina y es la sede del gobierno, así como del arzobispado. Aquí está además la catedral de San Vito, una de las joyas arquitectónicas del barroco más importantes de Europa. Fue aquí donde nos tocó ver el cambio de guardia de la presidencia. Simplemente todo un espectáculo.

Y por aquéllos creyentes en la suerte: Si van a comprar lotería, el número de la suerte, al menos en esa semana era el 257. El último día teníamos que recoger unas cosas en el centro de Praga y, como aún debíamos manejar hasta Viena, era necesario salir temprano de Praga. Para regresar al hotel y recoger el auto decidimos tomar un taxi, pero ya dentro del vehículo se hizo la pregunta del día: Cuántas coronas nos quedan? En total eran 257. Si consideran que una corona son 40 centavos de peso mexicano, verán que no era mucho y como no íbamos a estar más en Praga, era iluso cambiar algunos Euros adicionales. A veces es angustiante ver el taxímetro avanzar, sobretodo cuando no tienes suficiente lana y que no ves siquiera que te acerques a tu destino. Por la mente cruzan esos pensamientos "cuando el taxímetro esté llegando a lo que traigo, me bajo". Lo interesante es que, pese al tráfico que había ese día, llegamos al hotel justo cuando el taxímetro marcó 257... Señores, a comprar lotería!

No les cuento más de Praga porque no terminaría, pero solamente les digo: estoy enamorado de la ciudad y hay que regresar!