Cuando apenas tenía 6 meses en Alemania, varios de mis amigos mexicanos y colegas becarios de CONACYT tuvieron la oportunidad de pasar un par de semanas en México. Dos de ellos, de los que considero de pensamiento más crítico, regresaron con el mismo problema. Una especie de choque cultural con su propia mexicanidad, acentuada por el hecho de haber salido de la inercia de la sociedad mexicana por un tiempo y haberla encontrado nuevamente en un lugar diferente.
No hablo de los cambios políticos o grandes cambios sociales iniciados desde "arriba". Me refiero al movimiento natural que sigue cualquier sociedad dinámica. Me atrevería a comparar lo que vivieron con una ranita. Esta ha vivido dentro del río toda su vida y ha nadado casi siempre con la corriente. Un día decide salir a un río cercano y nadar en él. Al regresar a su río de origen se da cuenta que ya no regresa al mismo lugar y el agua en la que siempre ha nadado ya se desplazó. La ranita dejó de vivir un cambio constante y ahora se enfrenta a los cambios acumulados desde su partida.
Unas semanas antes de salir rumbo a México, uno de estos amigos me dijo que estuviera preparado para ese "shock", sobretodo después de haber dejado "mi río" hace 3 años.
Durante mi estancia en Alemania pude leer algo sobre la sociedad mexicana. Creo que difícilmente habrá una mejor lectura para un mexicano fuera del país que "El Laberinto de la Soledad", de Octavio Paz. Me atrevería a decir que es el mejor ensayo que existe sobre la "mexicanidad". El "Pachuco y otros extremos" es una bofetada con guante blanco que nos pone frente a frente con ese "yo mexicano", donde quedamos desnudos frente a un espejo, sin más opción que mirarnos o cerrar los ojos ante la realidad. Adentrarse en la Historia Mexicana y cómo se fue formando nuestra identidad nacional, la cual tenemos integrada a nuestro "yo mexicano" como algo inseparable, nos permite entendernos mejor, pero desconocernos más al descubrir partes de nosotros mismos que nunca antes nos habíamos atrevido a observar.
Definitivamente fue un choque cultural muy fuerte el estar en México. Confirmé mis sospechas de que cuando se muestra el país a alguien se genera un mayor nivel de conciencia de lo que se dice y lo que se muestra, y mostrarle a Denia un pedacito del país y su sociedad lo demostró.
Desde que estaba en Europa descubrí que yo, al menos en lo físico, no me veo como el típico mexicano. Pero, ¿existe un mexicano "típico"? ¿Existe acaso un patrón físico o de conducta que pueda describir a un mexicano promedio, sin importar si éste proviene de Yucatán, Nuevo León, Baja California o Hidalgo?
Por apariencias, el indígena del sur es muy diferente al Tarahumara y éste es a su vez distinto a un Huichol. Entonces, si el indígena no es el típico mexicano, ¿qué nos queda? ¿El mestizo? En su apariencia física, el mestizo bien representa a más mexicanos, pero entonces quedan fuera los indígenas. Para agrupar a ambos tendríamos entonces que sujetarnos a un color de piel. Piel morena. “Piel mexicana” ¿Y dónde quedan entonces esos millones de mexicanos que son más bien de piel color claro? Existen. Vayan a los Altos de Jalisco. Vayan a la Ciudad de México. Vayan a Puebla. Vayan a Chihuahua. Vayan a Monterrey.
Definitivamente la piel no puede describir a un mexicano.
Pero entonces, ¿cómo es un mexicano? ¿Es como el "Chilango"? ¿Es como el de "Provincia"? ¿Podemos describir a un mexicano en función de su conducta?
Cuando regresé de México me hacía estas y otras preguntas sobre México y los mexicanos. Pero la mayor de mis dudas y la que, seguramente, desató esa lluvia de frases arropadas en signos de interrogación, fue el saber cómo es un mexicano promedio.
Hace unos meses salió el libro "“
Zapata", de José Angel Palou (actual rector de la
Universidad de las Américas – Puebla). Habiendo escuchado buenos comentarios del libro, y queriendo saber más del “Atila de Morelos”, decidí comprarlo y empezar a leerlo.
El libro se fue como agua. En sólo 4 días estaba ya en el epílogo. Fue en sus últimas páginas donde leí una frase que contestó todas mis preguntas:
"…Pero la guerra de tribus casi nómadas que fue la Revolución Mexicana requería de una dilatada narración para justificarse. Lo que derrumbó esa utopía fue una batalla entre tribus: la nacional de los constitucionalistas – la de la burguesía y de los comerciantes que construyeron una nación única como si fuese lo mismo un yaqui que un maya– y la pequeña revolución local del sur que no supo ver, tampoco, que sus reclamos no eran los de todos"
Sí. Los mexicanos no son del sur ni son del norte. El mexicano promedio vive en el sur. Vive en el norte. Vive en el Bajío. Yo me veo como un mexicano promedio. Pero tampoco me veo como un mexicano promedio. Nadie puede afirmar se mexicano promedio. Todos tenemos algo de mexicano.
Aludiendo al humor cáustico de un amigo, todos tenemos dentro de nosotros algo de fresa, algo de naco, algo de nahual, algo de “pepino”. Lo que nos define mejor es la proporción que mostramos de cada uno de los múltiples componentes que nos definen como mexicanos.
Al final del día todos somos mexicanos, pero nadie es más mexicano que el otro. Y precisamente reconocerlo es el primer paso hacia templar nuestra identidad nacional.