En México todos hemos vivido la tradicional colecta anual para la Cruz Roja. Durante la colecta es común que el parabrisas de tu auto tenga la calcomanía de la Cruz Roja para mostrar que ya diste tu donativo.
Acá en Inglaterra sucede algo similar con la
Royal British Legion. Esta asociación se dedica a cuidar a los veteranos de guerra (que, se imaginaran, acá son muchísimos). El símbolo de haber colaborado con esta asociación es el "Poppy" (una flor de amapola). Al igual que en México, el portador del "Poppie" ya no es abordado por los voluntarios que andan recolectando fondos.
Lo interesante es que la
Royal British Legion es, creo, de las pocas organizaciones inglesas cuyo poder de convocatoria abarca todo el país y todas las clases sociales. Eso, sin embargo, no la salvo de la controversia cuando un presentador de televisión se negó a portar el "Poppie" alegando que el British Legion es una organización que, indirectamente, esta apoyando la guerra.
Independientemente de mi posición en contra de la guerra, no encuentro justificación a un comentario así. Muchas veces, las fuerzas armadas son una de las pocas oportunidades disponibles para ciertos sectores de la población. Esto, creo, es válido en prácticamente cualquier país.
En países como Inglaterra y EEUU, los reservistas también son llamados. Muchas veces, la famosa “reserva” son ciudadanos que se enlistan a cambio de becas o algún financiamiento educativo con tasas preferencial para poder acceder a educación universitaria que, de otro modo, no pudieran tener.
No voy a cuestionar estos sistemas. Mi percepción es que, de inicio, hay dos hechos innegables:
- Un ciudadano puede libremente elegir la carrera de las armas.
- Un ciudadano tiene la obligación de atender el llamado del ejército en caso de ser reservista.
Podemos alegar la libre conciencia y el derecho a negarse a participar en guerras "inmorales" pero este no es el objetivo de estas líneas. Mi punto central es que un soldado no tiene decisión política propia (salvo en la forma de una boleta electoral) y hacer la guerra es una decisión meramente política. La mayor injerencia que tienen las Fuerzas Armadas en este tipo de decisiones es la que puede tener la cúpula castrense para asesorar a los políticos en la toma de decisiones.
Aún así, la mayoría de los soldados sigue fuera de toda decisión. Y si el país los mandó a un soldado a la guerra, y ese soldado regresa minusválido, lo menos que puede hacer el país es hacerse cargo de él (y sus dependientes directos). Para eso existe la British Legion. El soldado que fue a la guerra no tiene la culpa. El sólo obedeció órdenes. Si se trata de mostrar nuestro disgusto con la guerra, no debemos castigar al soldado, sino al político que lo mandó a pelear. Y la mejor arma que tenemos es una papeleta electoral.