Entre jamaicones y aventureros.
En estos días se publicó en Reforma un artículo de Daniel Zazueta muy bueno sobre el "Síndrome del Jamaicón". Si son suscriptores, la liga est&á aquí. Para los no suscriptores, les dejo unos fragmentos:
La escena es sintomática, histórica y parte del folclor. Llorar con los mariachis, aunque en México ni siquiera te gusten o añorar las tortillas calientitas del comal, los chiles bien toreados, en escabeche o en salsa, y los "quihúbole" y "órale" de los amigos y familiares, son cosas que a más de un mexicano le han pasado en alguna ocasión cuando sale de territorio azteca.
El llamado "Síndrome del Jamaicón" ha perseguido como un espectro, por decenios, a nuestros connacionales en el extranjero, pese a los millones de paisanos en los Estados Unidos, pese a las evidencias de numerosos mexicanos paseándose por el mundo, pese a Hugo Sánchez, Rafael Márquez y hasta Salma Hayek.
Ya lo abordó en alguna ocasión Octavio Paz, en su "Laberinto de la Soledad", al hablar sobre la desconfianza de los mexicanos en sus capacidades, de su posición y confrontación ante lo "otro".
Es probable que desde los inicios de las Selecciones Mexicanas haya existido este malestar de añoranza, que lleva a los deportistas a bajar de nivel, pero cobró popularidad a partir del jugador del Guadalajara y seleccionado José "Jamaicón" Villegas.
"No era broma, fue cierto. Estábamos en Suiza (58), y donde estaba el equipo mexicano era como una isla, un poco retirado de la ciudad y había que ir a la concentración en una lancha", recuerda Villegas, el ex carrilero perteneciente al Campeonísimo.
"Yo estaba en la orilla del lago, esperando la correspondencia, cuando (el periodista) Flavio Zavala Millet, que en paz descanse, llegó y me preguntó que si extrañaba mucho los frijoles y el picante de México".
"Le dije: 'señor, como todo mundo', y luego me preguntó, '¿y tu familia, tus seres queridos?'. Yo consideré que no era raro para nadie el sentir deseos de verlos, pero él me dijo: 'no, lo que extrañas son los chiles y los frijoles de allá'".
Hay otra versión que circula entre distintos personajes del medio futbolístico. Se dice que antes del Mundial, en Lisboa, la Selección fue homenajeada con una cena de gala, cuando de repente, Villegas salió a regar su melancolía por los jardines del lugar.
Ante la tardanza de su retorno, el técnico Ignacio Trelles fue a buscarlo y, al verlo cabizbajo, recostado sobre un árbol y con el rostro al cielo lo cuestionó si ya había cenado.
"¡Cómo voy a cenar si tienen preparada una cena de rotos!, ¡Yo lo que quiero son mis chalupas, unos buenos sopes o un rico pozole y no esas porquerías que ni de México son!", dicen que respondió Villegas.
Si bien esta versión no está confirmada por el propio ex futbolista, lo cierto es que al parecer Trelles le puso especial atención al "Jamaicón", un aguerrido defensa por izquierda, quien con el Guadalajara lo ganó todo, pero al llegar al extranjero bajaba su nivel.
La escena es sintomática, histórica y parte del folclor. Llorar con los mariachis, aunque en México ni siquiera te gusten o añorar las tortillas calientitas del comal, los chiles bien toreados, en escabeche o en salsa, y los "quihúbole" y "órale" de los amigos y familiares, son cosas que a más de un mexicano le han pasado en alguna ocasión cuando sale de territorio azteca.
El llamado "Síndrome del Jamaicón" ha perseguido como un espectro, por decenios, a nuestros connacionales en el extranjero, pese a los millones de paisanos en los Estados Unidos, pese a las evidencias de numerosos mexicanos paseándose por el mundo, pese a Hugo Sánchez, Rafael Márquez y hasta Salma Hayek.
Ya lo abordó en alguna ocasión Octavio Paz, en su "Laberinto de la Soledad", al hablar sobre la desconfianza de los mexicanos en sus capacidades, de su posición y confrontación ante lo "otro".
Es probable que desde los inicios de las Selecciones Mexicanas haya existido este malestar de añoranza, que lleva a los deportistas a bajar de nivel, pero cobró popularidad a partir del jugador del Guadalajara y seleccionado José "Jamaicón" Villegas.
"No era broma, fue cierto. Estábamos en Suiza (58), y donde estaba el equipo mexicano era como una isla, un poco retirado de la ciudad y había que ir a la concentración en una lancha", recuerda Villegas, el ex carrilero perteneciente al Campeonísimo.
"Yo estaba en la orilla del lago, esperando la correspondencia, cuando (el periodista) Flavio Zavala Millet, que en paz descanse, llegó y me preguntó que si extrañaba mucho los frijoles y el picante de México".
"Le dije: 'señor, como todo mundo', y luego me preguntó, '¿y tu familia, tus seres queridos?'. Yo consideré que no era raro para nadie el sentir deseos de verlos, pero él me dijo: 'no, lo que extrañas son los chiles y los frijoles de allá'".
Hay otra versión que circula entre distintos personajes del medio futbolístico. Se dice que antes del Mundial, en Lisboa, la Selección fue homenajeada con una cena de gala, cuando de repente, Villegas salió a regar su melancolía por los jardines del lugar.
Ante la tardanza de su retorno, el técnico Ignacio Trelles fue a buscarlo y, al verlo cabizbajo, recostado sobre un árbol y con el rostro al cielo lo cuestionó si ya había cenado.
"¡Cómo voy a cenar si tienen preparada una cena de rotos!, ¡Yo lo que quiero son mis chalupas, unos buenos sopes o un rico pozole y no esas porquerías que ni de México son!", dicen que respondió Villegas.
Si bien esta versión no está confirmada por el propio ex futbolista, lo cierto es que al parecer Trelles le puso especial atención al "Jamaicón", un aguerrido defensa por izquierda, quien con el Guadalajara lo ganó todo, pero al llegar al extranjero bajaba su nivel.

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