Wallace vive...
Como suponía casi desde que ingresé a la firma, mi trabajo implica algunos viajes. Esta vez me tocó ir un poco más lejos que las cercanías de Londres: Edinburgh.Desde que Paco, un buen amigo mío me estuvo preguntando si tenía planes de ir a Escocia en el futuro, tenía ya el gusanito de visitar Edinburgh, pero cuando me ofrecieron el trabajo en la firma, la posibilidad de escaparme un fin de semana a las tierras de Wallace eran mucho mayores. Al final todo fue mucho más pronto de lo que pensé.
En esta ocasión no tendría mucho tiempo para andar de turista, pero mientras estuviese en un hotel cercano al centro y el clima se prestara, sería fácil hacer las respectivas expediciones "punitivas" para recorrer lo más importante de Edinburgh ("Edinborough" como le llaman los escoceses).
Debo admitir que ni siquiera pude hacer mi tarea de "inteligencia" (conseguir una guía o mínimo leer algo del lugar). El colmo fue que dije que podría visitar el Castillo de Balmoral cuando me refería a el Castillo de Edimburgo. ¡Un error garrafal!
Tristemente no hubo muchas oportunidades de salir. El trabajo en Livingston y el mal clima simplemente me dejaron buena parte de la semana estacionado en el hotel. Fue apenas el jueves cuando, con poca luz y mucha hambre, decidimos salir a caminar por la ciudad y a buscar un restaurante donde cenar.
Debo regresar. Simplemente la ciudad es bellísima y, para borrar mi afrenta a la memoria de William Wallace, es imperativo regresar a disfrutarla.En un descuido y hasta ahorro para comprarme un kilt (precio en un aparador: 600 libras).

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